El aprendizaje de la lengua comienza desde su hogar
familiar. El niño aprende a hablar motivado por la necesidad de pedir,
preguntar, responder, en el entorno que se rodea.
Por eso el
desarrollo de la competencia comunicativa en el lenguaje oral y escrito,
constituye una meta fundamental, por tratarse de un instrumento de aprendizaje
y por constituir un medio fundamental para la liberación en cuanto nos permite
participar activamente en la sociedad a través del dialogo.
A través de la oralidad el ser humano interacciona con el
otro y se une a su cultura. Mediante este proceso el ser humano comparte,
contrasta y crea nuevos significados los cuales le reflejan una percepción reflexión sobre su realidad. Por esta razón
el docente debe propiciar en el aula de clase situaciones adecuadas para que
los estudiantes den a reconocer su concepción del mundo en interacciones
comunicativas reales. De acuerdo con los planteado por Jaimes y Rodríguez "como
adulto responsable, competente en el uso de su lengua, el maestro debe apoyar
al niño adecuando el discurso al nivel de su comprensión y orientarlo en esta
nueva praxis social" (1996: 38).
RECUPERADO DE: TESIS KETERIN CRUZ Y LISETH QUINTERO

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